Historia de un pepe
Historia de un pepe Mil gracias, señor don Jerónimo —dijo Gabriel—. La prueba que usted me da hoy, llamándome a desempeñar en su escritorio un empleo generosamente retribuido, es para mÃ, además de sus palabras, positiva garantÃa del bondadoso interés que sin duda le ha inspirado mi desgracia. SÃrvase usted decirme en qué debo ocuparme.
Don Jerónimo se puso en pie y sacando de una alacena un enorme legajo, dijo a Gabriel:
—Aquà tiene usted el expediente del concurso de la casa de Agüero y Urdaneche, del cual he sido nombrado sÃndico. SÃrvase usted copiar los documentos que encontrará marcados con los números 10, 11, 12, 22, 23, 25 y 37. Después diré a usted en qué otra cosa debe ocuparse.
Asombrado Gabriel de que el expediente del concurso hubiese adquirido tales proporciones en tan poco tiempo, tomó recado de escribir y colocándose en una mesa que le indicó don Jerónimo habrÃa de ser en la que trabajara todos los dÃas, comenzó a copiar los documentos que éste le habÃa señalado. Rosales ocupó su puesto en otra mesa y se puso a escribir, como si no hubiese otra persona en el gabinete.