Historia de un pepe
Historia de un pepe 
Nuevas complicaciones.
La fiebre
Gabriel volvió por la tarde al escritorio de Rosales y continuó el trabajo comenzado. Las piezas que copiaba eran casi todas relativas a las cuentas de la casa de Agüero y Urdaneche con don Juan de Montejo, y de ellas resultaba un saldo de trescientos veinticinco mil docientos quince pesos dos y medio reales, a favor de éste.
No dejó de llamar la atención a Gabriel que don Jerónimo hubiese elegido precisamente aquellas cuentas para que él las copiara; pero no pudo alcanzar la mira que el sucesor de Arochena hubiese podido tener en esto.
Al concluir el trabajo y cuando Gabriel iba a retirarse, le dijo don Jerónimo con aparente naturalidad:
—¿Qué le han parecido a usted las piezas del expediente del concurso que ha copiado?
—No encuentro en ellas —contestó Gabriel—, cosa particular. Son cuentas corrientes muy claras y llevadas en toda regla.
—¿Y no le parece a usted que es considerable la suma que debe el concurso a don Juan de Montejo?
