Historia de un pepe
Historia de un pepe Doña Catalina se puso en pie y se preparó a retirarse.
—PermÃtame usted, amiga mÃa —dijo—, que vuelva ahora mismo a mi casa. Necesito tener una explicación con mi hijo.
—Suplico a usted, por cuanto hay más sagrado —exclamó RosalÃa—, que no le diga una palabra. Es tarde. Todo serÃa inútil.
—Deje usted que haga mi deber —dijo doña Catalina, rechazando suavemente a la hija del maestro de armas, que se oponÃa a que saliera, y partió.