Historia de un pepe
Historia de un pepe —Para servir a Dios y a usted, señora —contestó el abogado, señalando una silla a la del rosario y ocupando él su puesto acostumbrado, delante de la mesa. ¿Quiere usted decirme cuál es su gracia y en qué puedo servirla?
—Mi nombre —replicó la señora—, es doña Dorotea Bardales, o de Bardales, pues soy hija de un hidalgo español, que sirvió a Su Majestad por mar y por tierra, aunque con más honra que provecho. En una de las muchas campañas que hizo mi padre, mi madre, que era toda una mujer, quiso acompañarlo, aunque estaba entonces de meses mayores. Yo nacà entre el estruendo de la artillerÃa y si me es permitido decirlo, me cortaron el ombligo con bayoneta.
Andando el tiempo, y habiendo quedado huérfana, tuve que acomodarme a servir, y de España vine a estos reinos, como dama de compañÃa de la esposa de su señor tÃo de usted, don Andrés de Urdaneche. Muerta esta señora cuando su hija tenÃa apenas unos doce años, me quedé en la casa, sirviendo de aya a la niña. Algunas veces, aunque pocas, pues yo vivÃa muy retirada, vi a usted de visita en casa de don Andrés.