Historia de un pepe
Historia de un pepe —De todos modos —dijo—, me conviene tener a la vista a mi pariente. Montejo lo ha reconocido públicamente como hijo suyo, y lo es también de mi tÃa, la hija de Urdaneche. ¿Quién sabe lo que estas circunstancias pueden dar de sÃ?
Desde aquel momento don Jerónimo formó la resolución de ofrecer a Gabriel un empleo en su escritorio, considerando que destituido enteramente de recursos, como quedaba, no dejarÃa de aceptarlo. Hemos visto que el licenciado no se equivocó en sus cálculos, y que Gabriel recibió como un favor lo que no era sino efecto de una mira interesada.
Rosales registró los libros de Urdaneche y encontró que no se debÃa a la que fue aya de doña Catalina más que el mes corriente cuando se marchó de la casa. Pudo haber rechazado de un modo terminante la injusta reclamación de la vieja; pero le pareció que quizá podrÃa servirle alguna vez y se propuso entretenerla con promesas. El sucesor de Arochena era hombre que veÃa muy lejos y no descuidaba nada de lo que pudiera serle de alguna utilidad, aunque fuese después de cincuenta años.