Historia de un pepe
Historia de un pepe —¡Ah, madre mÃa! —exclamó Gabriel—. No anhelo más que una vida tranquila y oscura al lado de usted y de RosalÃa, cuyo amor he sentido renacer en mi lacerado corazón, desde el momento en que la entrevà al volver del sueño agitado de la fiebre. SentÃa en mi mano la suave presión de otra mano que no me era desconocida y que tantas veces habÃa sellado con mis labios. Busqué aquella visión celeste, y habÃa desaparecido. Desde aquel instante mi corazón sintió una vida nueva, y se abrió para mÃ, con los recuerdos de un pasado que se habÃa desvanecido, un mundo de ilusiones y felicidad. Dormido o despierto, no he visto desde entonces sino a RosalÃa, mi primero, mi único, mi verdadero amor. Usted quiere que espere y calle, no sé si podré hacerlo, o si el sentimiento infinito que llena mi alma, desbordará cuando la vea.