Historia de un pepe
Historia de un pepe El artÃculo 4° del bando previene sean reducidas a prisión las personas en cuya casa se encontrare el reo y que se hayan negado a entregarlo. Si usted no cumple, daré parte al coronel.
—Vamos —dijo Gabriel, y tomando su sombrero, se dispuso a salir.
—La señora también —dijo Oñate, señalando a doña Catalina.
—Estoy pronta —contestó ella, cubriéndose con un mantón.
Corrió una lágrima por las mejillas de Gabriel cuando vio que colocaban a su madre al lado derecho del reo. Él ocupó el izquierdo, y seguidos por el oficial, los soldados y don Cristóbal de Oñate, salieron de la casa. Gabriel fue conducido a la cárcel pública y doña Catalina a la casa de recogidas.
Media hora después, Paquita la Malagueña, la hija del doctor González, que al oÃr que habÃa alboroto en las calles, se habÃa puesto a la ventana y llamaba a cuantos pasaban para averiguar lo que ocurrÃa, entró a la sala donde estaba reunida la tertulia y palmoteando con alegrÃa exclamó, dirigiéndose a doña Clara: