Historia de un pepe
Historia de un pepe —¡Qué viva! ¡que don Gabriel, el maestro de Carlos está en la cárcel! ¿No se lo dije a usted, mamá? Acaban de contarme en la ventana que estaba medio a medio en la compañÃa de Pie de lana, y que lo han cogido concertando un asalto con ese escribano Pereda o Pedrera, a quien buscaban.
Al oÃr aquella noticia, el coronel comandante del Fijo se puso pálido, pues no se habrá olvidado el afecto y estimación que tenÃa por Gabriel.
—Es imposible —dijo—; ese joven es incapaz de una acción indigna del uniforme que ha llevado. Si está preso debe ser por alguna equivocación. Corro al cuartel a averiguar lo que haya.
Salió el comandante del batallón, y tras él los demás tertulianos, cuya curiosidad habÃa excitado la noticia.
Al siguiente dÃa era pública en la ciudad y cada cual explicaba a su modo la parte que Gabriel Bermúdez y su madre tenÃan en aquel suceso. Eso sÃ, todos estaban de acuerdo en que el asunto era muy grave para el hijo de Pie de lana, y el que menos. Lo sentenciaba a diez años de presidio en San Felipe, con retención.