Historia de un pepe
Historia de un pepe —Aquà está la enferma, hágame usted favor de entrar y acompañarla, mientras yo voy por el cura.
Entró RosalÃa y se dirigió a una cama cuyas cortinas estaban caÃdas. Entretanto, advirtió con alguna alarma que su conductora echaba llave por fuera a la puerta; pero luego imaginó que quizá aquello serÃa efecto del aturdimiento en que la tenÃa la grave enfermedad de su hija.
Levantó RosalÃa la cortina del pabellón y vio una mujer joven, pálida y extenuada; pero al parecer no por una enfermedad aguda, sino por efecto de una vida desarreglada. Estaba echada en la cama; pero vestida. Cuando la hija del maestro de armas alzó la cortina y vio con sorpresa a la joven, fijó ésta en RosalÃa sus ojos negros, que dos profundas ojeras y la extenuación cadavérica del rostro hacÃan parecer extraordinariamente grandes, incorporándose con un movimiento brusco, exclamó:
—¿Conque usted es la que quiere arrebatarme a Gabriel?