Historia de un pepe
Historia de un pepe —¡Loca! ¡Loca! —gritó Manuelita (pues ya habrán conocido nuestros lectores que ella era la supuesta agonizante)—, asà nos llaman ustedes las hipócritas. Usted verá que estoy muy en mi juicio y que sé vengarme de las pÃcaras que roban hombres.
Diciendo asÃ, se dirigió a una puerta que daba a otra pieza y salió dejando a RosalÃa en la mayor confusión. No sabÃa cómo explicarse lo que decÃa aquella mujer, que llamaba suyo a Gabriel, y aunque el corazón leal de la joven se rehusaba a dar cabida a una sospecha ofensiva, no dejaba de mortificarla, lo que acababa de escuchar. AfligÃala por otra parte la idea de que se hallaba encerrada en aquella casa, sin poder comunicar a su padre y al mismo Gabriel lo que pasaba, y considerando cuánta habrÃa de ser la pena de éstos y la de doña Catalina al ver que habÃa desaparecido. ComprendÃa que habÃa caÃdo en una red tendida por algún infame, y resolvió esperar el resultado de aquel extraordinario suceso.