Historia de un pepe
Historia de un pepe Salió Hervias a practicar aquellas diligencias, y dijo que probablemente no volvería pronto, pues se proponía acompañar al mayor de plaza en las investigaciones que se harían seguramente para averiguar el paradero de Rosalía. Gabriel no contestó una palabra. El dolor lo tenía completamente abatido.
Media hora después de haber salido Hervias llamaron a la puerta con precipitación, y habiendo acudido la criada, una mujer desconocida le presentó un billete, recomendándole lo entregase inmediatamente a don Gabriel. Hízolo así. Lo abrió éste con mano convulsiva y leyó lo siguiente:
«Si usted quiere encontrar lo que ha perdido, acuda esta misma noche, a las doce en punto, a la última casa de la banda derecha de la penúltima cuadra que conduce a la pila de La Habana. Vea por el postigo de la ventana, que estará entreabierto. No diga usted nada a nadie».
Gabriel guardó aquel billete y comenzó a pasearse por la salita de su casa, contando las horas en la más violenta agitación.