Historia de un pepe
Historia de un pepe Mientras llega la hora que estaba indicada en aquel anónimo, debemos decir lo que había ocurrido a Rosalía desde el momento en que la dejamos sola en el cuarto de donde acababa de salir Manuelita la Tatuana. Como a las nueve de la noche volvió a aparecer la vieja, que entró por la puerta que daba a la pieza inmediata, permaneciendo cerrada la del corredor.
—Usted me ha engañado —dijo Rosalía—, me ha dicho que venía a acompañar a una enferma, y me ha puesto en presencia de una loca, o algo peor. Ábrame usted la puerta, pues tiempo hace que debía yo estar en mi casa.
La vieja Tatuana contestó con una carcajada, temblorosa como su voz y dijo:
—No, palomita; usted ha caído en una trampa de donde no se sale sin pagar rescate.
—Pues diga usted pronto lo que debo dar por recobrar mi libertad, y al llegar a mi casa, recibirá lo que quiera. Pero ábrame esa puerta y concluyamos.