Historia de un pepe
Historia de un pepe 
Desenlace
Mientras sucedía en la calle, delante de las ventanas de la casa de la Tatuana, lo que dejamos dicho al fin del capítulo anterior, tenía lugar otra escena en el interior de la casa. A una señal de Cristóbal de Oñate, los músicos tocaron sus instrumentos con más fuerza, los jóvenes y las mozas levantaron la voz hablando todos a la vez en confusa gritería, y la vieja Tatuana, para aumentar la baraúnda, hacía chocar unas con otras las botellas vacías. El vértigo estaba en el más alto grado de paroxismo. Rosalía clavada en su sitio, había tomado el partido de cerrar los ojos para no ver aquella escena infernal. Pronto tuvo que abrirlos, pues sintió que la tiraban fuertemente por un brazo, obligándola a ponerse en pie. Era el malvado de Oñate, que le gritaba:
—Levántese usted. Falta el final de la comedia.
Rosalía estaba resignada a sufrir cuanto quisiesen hacer de ella, con tal de que respetasen su honor. Púsose en pie, y entonces Manuelita se deslizó por detrás de la joven y sacando unas grandes tijeras, cortó en un instante las dos trenzas negras y tupidas de la hija del maestro de armas, que pendían sobre su espalda. De un salto se puso en medio de la sala y levantando en alto los cabellos, fue saludada aquella acción infame por un coro de gritos, de risas y de palmadas.
