Historia de un pepe

Historia de un pepe

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Gabriel, que había recobrado el conocimiento, estaba entregado a la más negra desesperación. Cuando vio a Hervias se arrojó en sus brazos y exclamó sollozando:

—Hermano mío, amigo mío, ¡qué desgraciado soy!

—Te equivocas —contestó Hervias. Los celos, unos celos incomprensibles, han ofuscado momentáneamente tu juicio. ¿Cómo no has reflexionado que era imposible, absolutamente imposible que Rosalía hubiera sido capaz de presentarse voluntariamente a semejante infamia?

—¿Y lo que yo mismo he visto? —dijo Gabriel.

Hervias hizo a éste una relación detallada de lo que había referido Rosalía; en seguida le dijo cómo acababa de morir Oñate y la declaración explícita que había hecho en presencia de muchos testigos, uno de ellos el teniente del Fijo que estaba presente.

Gabriel vio disiparse sus negras ideas a medida que oía la relación de su amigo, y cuando éste hubo concluido, exclamó:

—¡Oh Rosalía, Rosalía! ¡Qué cruel y qué injusto he sido contigo! Corro a pedirle que me perdone.

Salió seguido de Hervias, por el teniente y por doña Catalina, que había escuchado, llorando de júbilo, la relación del capitán.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker