Historia de un pepe
Historia de un pepe Rosalía no se había acostado. Rodeada por su padre y sus hermanos, les había hecho una explicación breve y sencilla de lo ocurrido. Don Feliciano juraba acabar con los infames que habían ultrajado a su hija, y la niña lloraba al tocar los cabellos mutilados de su hermana.
Entró Gabriel, seguido de doña Catalina, de Hervias y del teniente. La escena fue patética, Gabriel se puso de rodillas delante de Rosalía, y tomándole una mano, la bañó con sus lágrimas.
La pobre joven comprendió que Gabriel había dudado de ella. Una lágrima se desprendió de su párpado y rodó lentamente por su mejilla. En aquel momento experimentó un dolor más agudo y más cruel que los que había sentido durante la orgía en casa de la Tatuana.
Pero, Rosalía, siempre noble, generosa siempre, perdonó aquella incomprensible sospecha y procuró consolar a Gabriel, diciéndole que era necesario sufrir con resignación los contratiempos de que está llena la vida.
Tres días después se verificó el matrimonio de Gabriel y Rosalía. Presentóse ésta cubierta la cabeza con una cofia o redecilla de seda azul, que le sentaba muy bien, según lo declaró la madrina, que añadió estaba tentada de hacerse cortar las trenzas, para quedar tan bonita como su ahijada.