Historia de un pepe
Historia de un pepe 
Primer amor
—Y, bien hijo, pues supongo que puedo ya darte este nombre —exclamó don Feliciano, al ver entrar a Gabriel—, ¿Qué dice el papá, la mamá, el tío o el tutor? ¿No es verdad que la alianza con la casa de los Matamoros de Peñapelada les ha parecido cosa como bajada del cielo? ¡Vaya!, ¡pues fácil hubiera sido dar con una prosapia más ilustre que la nuestra!
Diciendo así, el capitán tosió y movió tres veces la cabeza adelante y atrás, con muestras evidentes de orgullo y satisfacción.
—Mi tutor —dijo el joven—, no objeta la familia de usted, capitán (en lo cual, como sabemos, mentía como un bellaco); pero dice que estando vivo mi padre, es necesario pedirle el consentimiento para el matrimonio. He aquí lo que yo no puedo soportar. Cinco o seis meses sin unirme a Rosalía, serán cinco o seis siglos de tormento. Vea usted cómo podemos hacer para que el matrimonio se verifique inmediatamente.
