La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —La viuda quedó en una inquietud extraordinaria; su respiración precipitada indicaba la violencia con que latía su corazón, fuertemente agitado. Revolvía en su cabeza los proyectos más extravagantes, sucediéndose las ideas unas a otras en su cerebro, como las olas en el mar embravecido. Media hora había pasado en aquella situación, cuando se oyeron los pasos lentos y pausados de un caballo, que se acercaba muy despacio a la puerta de la calle. Resonaron dos recios aldabonazos, y dijo Agustina con mal humor: «Él es». La vieja sirviente abrió la puerta; y a poco entró en la sala, sin ceremonia, un hombre vestido de viaje, y que parecía bastante fatigado.