La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —Nuestros esfuerzos han sido inútiles, dijo Ronquillo con mal humor; ese hombre tiene algún demonio familiar que lo ayuda y hace que todo le salga bien.
Enseguida el Veedor refirió a su amigo los principales acontecimientos de aquellos dÃas, sin exceptuar el lance del torneo, el descubrimiento de los amores de doña Leonor y Portocarrero, callando únicamente, por prudencia, lo que habÃa de ridÃculo y deshonroso para él en aquellos sucesos.
—¿DecÃs, preguntó Peraza, que han venido varias señoras de Castilla en compañÃa de doña Beatriz?
—SÃ, contestó don Gonzalo; unas veinte, que forman la corte de esa mujer, que se cree ya una Reina.
—¿Y podrÃais decirme los nombres de algunas de esas damas? dijo el médico, dominado exclusivamente por una sola idea.
—¿Y qué interés podéis tener en eso?, preguntó Ronquillo, extrañando la pregunta de don Juan. Sé, añadió que la principal de ellas, asà por su clase, como por la confianza que lo dispensan en Palacio, es una doña Juana de Artiaga, que se dice natural de Baeza; las otras…
—Basta ya, interrumpió el médico; es inútil me digáis los nombres de las demás; y guardó silencio, mostrando la más viva agitación.