La hija del Adelantado
La hija del Adelantado Ronquillo, que ignoraba la historia de Peraza, no acertó a comprender por qué aquel nombre producía semejante sensación en el ánimo de su amigo. El médico, después de un momento de silencio, dijo:
—Don Gonzalo, no extrañéis la importancia que doy al nombre de esa dama. Es un secreto de mi juventud, que acaso podré revelaros algún día.
El orgulloso pechero no quería mostrar su herida a aquel hidalgo; conociendo que, por más que estuviesen unidos en intereses, las preocupaciones de que participaba Ronquillo, como cualquier otro caballero de su clase, harían que calificase desfavorablemente el atrevimiento con que se había lanzado a solicitar la mano de una dama de encumbrado linaje. Encerrose, pues, en la más absoluta reserva, y sabiendo ya respecto a la joven que había visto pocas horas antes cuanto le importaba saber, procuró dominar su emoción, e hizo a Ronquillo una relación detallada de la excursión que acababa de practicar y cuyo objeto aparente había sido recoger plantas medicinales en las montañas.