La hija del Adelantado
La hija del Adelantado
ODO camina perfectamente, dijo el médico; he recorrido los pueblos; me he avocado con los principales caciques y arden en deseos de venganza. Puede contarse con unos cincuenta mil, no lo dudéis, don Gonzalo, la sublevación será mucho más formidable que la del año 26.
—Muy bien, don Juan, contestó Ronquillo; ya que tan desgraciados hemos sido en la ciudad, preciso es fiar únicamente en lo que pueda venir de fuera. Es necesario incendiar el paÃs, promover una sublevación general y acabar una vez por todas con nuestros enemigos. Castellanos, Ovalle, Zorrilla y los demás están prontos y todos tienen la mayor confianza en el éxito de los proyectos que hemos combinado.
—Quizá no está distante la hora en que han de verse realizados. Entretanto, decidme don Gonzalo, ¿cómo sigue el enfermo Nada podemos hacer mientras no se restablezca.
—Según se me ha dicho, contestó Ronquillo, el mal ha presentado en los últimos dÃas sÃntomas algo alarmantes. Está muy abatido, tiene frecuentemente calentura y se lo han escuchado algunas expresiones inconexas.
—¿En castellano?, preguntó Peraza algo alarmado.