La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —No, don Juan, contestó el Veedor; tranquilizaos, en esos accesos de delirio, el Rey, por fortuna, usa únicamente de su propio idioma; y sabéis que podemos contar con la fidelidad y la reserva de su guardián.
—Bien, replicó el médico; pero es necesario procurar que desaparezca ese sÃntoma peligroso. Creo que he encontrado un seguro especÃfico para la enfermedad de ese desgraciado, cuya causa principal es, a no dudarlo, la larga prisión que ha sufrido. Su compañero debe a su juventud únicamente el no estar en la misma situación. Hoy iré a verlos. Entretanto, vos anunciad mi regreso a los amigos, informadlos de lo que os he referido acerca de mi excursión y que todos estén prontos al primer aviso.
—Lo haré como decÃs, contestó don Gonzalo; y despidiéndose de Peraza, se marchó a buscar a los demás conspiradores.