La hija del Adelantado
La hija del Adelantado
O primero que hizo Peraza al entrar en la prisión de los Reyes, fue acercarse al anciano Sinacam y tomarle el pulso. A la cuenta no hubo de quedar muy satisfecho del resultado de su examen, pues arqueó las cejas y movió ligeramente la cabeza de un lado a otro.
—¿Duerme? preguntó a Sequechul.
—Muy poco; dijo este.
—Sinacam, añadió el doctor, dirigiendo la palabra en voz baja al anciano; acabo de recorrer vuestros dominios y los de Sequechul; vuestros antiguos vasallos esperan únicamente la voz de sus Reyes para levantarse contra sus opresores. Recobrad el ánimo, haced un esfuerzo y preparaos, pues va acercándose el momento en que quebrantaré vuestras prisiones y entonces necesitaréis de todo vuestro valor.
El viejo kachiquel levantó la cabeza al escuchar aquellas palabras y fijando en el médico sus ojos, cuya mirada vaga y extraviada indicaba el estado de su ánimo, dijo: