La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —TziquÃn, dijo al indio con aire severo; me has engañado; cuatro dÃas hace que empleo el bebedizo, sin resultado alguno. Tú debes haber reservado alguna circunstancia que es indispensable para que esa bebida haga nacer el amor; y no saldré de aquà sin que me hayas dicho todo lo que debe hacerse. ¿Quieres más dinero? Estoy pronto a dártelo; pero también he resuelto emplear la fuerza para arrancarte ese secreto, que es necesario a mi felicidad.
—Señor padre, contestó el anciano con humildad; la bebida que te di es la misma que he dado a otras muchas personas y siempre ha producido buen efecto ¿Cuidaste de hacerlo todo como yo lo dije?
—Todo se ha hecho con la mayor exactitud, replicó el doctor.
El indio permaneció un rato pensativo; y de repente, como si hubiese tenido una súbita inspiración, preguntó a Peraza.
—¿No has visto si por casualidad tiene la persona a quien se ha dado la bebida alguna santa reliquia sobre su cuerpo?
El doctor recapacitó, y dándose una palmada en la frente, dijo:
—¡Cierto!; un Agnus Dei de oro.
Al examinar la herida de don Pedro, el doctor habÃa visto el relicario remitido por doña Leonor.