La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —Pues no preguntes ya, dijo el indio con seguridad, en qué consiste que la bebida no produzca su efecto. Es necesario quitar esa reliquia a la persona y luego volver a darle la medicina. Entonces, con mi cabeza te respondo del resultado.
Lleno de gozo el herbolario por haber desatado el nudo de la dificultad, recompensó generosamente al indio, y sin pérdida de tiempo volvió a la ciudad, combinando los medios de que había de valerse para despojar a Portocarrero del relicario. Acudió inmediatamente a visitarlo y lo encontró con calentura y abatido física y moralmente. La servidumbre del caballero estaba en el dormitorio, y así el médico no pudo ejecutar su proyecto. Al despedirse, recomendó un absoluto reposo y tranquilidad que se dejase solo a don Pedro el mayor tiempo que fuese posible. Alarmados los criados de Portocarrero, cumplieron aquellas disposiciones al pie de la letra y dejaron al enfermo solo una gran parte del día.
En uno de esos ratos llegó el doctor y acertó a entrar hasta la cámara de Portocarrero, sin encontrar a persona alguna