La hija del Adelantado
La hija del Adelantado La vigorosa constitución de Portocarrero no se resintió desde luego de la influencia nociva de aquel bebistrajo, que como hemos dicho, contenÃa substancias venenosas, aunque en dosis sumamente cortas. Al siguiente dÃa, cuando llegó Peraza, el enfermo no presentaba alteración notable. El doctor entabló conversación con él, y con astucia fue haciendo rodase de modo la plática que hubo ocasión de nombrar a Agustina Córdova. Portocarrero guardó profundo silencio, lo que chasqueó al doctor, no permitiéndole averiguar si la bebida iba o no produciendo algún efecto. Continuó suministrándosela durante tres dÃas, y el único resultado fue que el enfermo fuese cayendo en cierto entorpecimiento. El pulso era débil, la mirada indecisa y vaga y parecÃa coordinar las ideas con alguna dificultad. Entonces volvió Peraza a pronunciar el nombre de Agustina; pero fue para que don Pedro mostrase el más profundo disgusto, y suplicase cortés pero seriamente al doctor, no volviese a nombrar en su presencia a aquella mujer. Esto, como debe suponerse disgustó mucho al herbolario, que desde luego atribuyó la falta de éxito a la cortedad de la dosis en que habÃa sido suministrada la bebida. ProponÃase, pues, duplicarla, a pesar de que no se le ocultaba el abatimiento fÃsico y moral en que habÃa comenzado a caer el enfermo; pero antes de hacerlo, creyó oportuno volver a conferenciar con TziquÃn, sospechando pudiese haberle ocultado alguna circunstancia esencial para que el filtro produjese efecto. Decidido a arrancar al indio todo su secreto, de grado o por fuerza, llenose los bolsillos de oro y se armó con una daga.