La hija del Adelantado
La hija del Adelantado La joven, poseída del mayor espanto, quiso lanzar un grito; pero la voz se ahogó en su garganta, y apenas tuvo fuerzas para volver los ojos, inundados de lágrimas, a la imagen de la Virgen, que iluminaba de lleno la luz de la lámpara. Cuando el frenético herbolario se disponía a dejar caer el hierro homicida, abriose la puerta de la alcoba de doña Leonor y salió la camarera Melchora Suárez, que se encontró frente a frente del médico y de doña Juana. Peraza soltó a la joven y dirigiéndose a la camarera, con un movimiento rápido, le presentó el puñal con una mano y con la otra le alargó un bolsillo lleno de oro, diciéndole con voz terrible:
—Escoge. O el secreto y la más generosa recompensa, o la muerte.
Melchora tomó el bolsillo, temblando, y dijo en voz baja: «contad con mi discreción» y siguió a doña Juana, que se había precipitado ya en la cámara de doña Leonor. Peraza se embozó en su capa y se marchó, con el corazón agitado por las furias infernales.