La hija del Adelantado
La hija del Adelantado Eso bastaba y sobraba para que el celoso Secretario diese ya por hecho que la viuda lo engañaba, y para que concibiese un odio mortal hacia el que suponía su rival preferido. Don Diego juró la pérdida del médico, y desde aquel momento se ocupó únicamente en dar modo y traza de ejecutar sus sangrientos planes de venganza. Veremos más adelante cómo el destino le brindó la oportunidad de satisfacer su rabioso rencor. Robledo tenía el mayor empeño en escuchar una de las conversaciones secretas entre el médico y Agustina, a que había aludido la criada, y ofreció a esta una gran recompensa, con tal de que le proporcionase la facilidad de cumplir aquel deseo. La vieja se comprometió a hacerlo, y desde aquel momento comenzó a tomar sus medidas al efecto.