La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —Caminad, dijo Robledo, haciendo que se adelantasen los que conducían a los caciques, quedándose él atrás con el doctor y la disfrazada viuda. Poco era lo que había que andar para llegar a la cárcel, adonde se conducía a los prisioneros. Al doblar la esquina, Robledo, que había cuidado de colocarse al lado de la viuda. Poco era lo que había que andar para llegar a la cárcel, adonde se conducía a los prisioneros. Al doblar la esquina, Robledo, que había cuidado de colocarse al lado de la viuda, le dijo en voz baja:
—Huid, Agustina; tomad la calle opuesta a la que hemos traído, y acordaos de que os he salvado la vida.
Asombrada quedó la Córdova de que la hubiese conocido don Diego bajo aquel disfraz, y en una noche tan obscura; y aprovechando la ocasión con que se le brindaba, echó a correr hacia el lado que había indicado Robledo. Los soldados quisieron seguirla; pero Robledo les dijo:
—Dejad a ese joven; es un paje de este hombre que lo acompañaba y no tiene importancia alguna.