La hija del Adelantado
La hija del Adelantado AsÃ, pudo la viuda ponerse en salvo se encerró en su casa, asustadÃsima, en tanto que el doctor Peraza y sus dos compañeros eran sepultados en estrechos, obscuros calabozos y cargados de cadenas. Todos los demás conspiradores, que advirtieron a tiempo la llegada de la tropa, pudieron huir y se escaparon. Ahora diremos cómo sucedió que el Secretario del Gobernador, a quien dejamos al fin del último capÃtulo bajo de llave en casa de Agustina Córdova, logró salir de aquel encierro.
Cuando la vieja dueña vio el afán con que Robledo procuraba romper la cerradura y el mal resultado de sus esfuerzos, le dijo:
—Paréceme, señor don Diego, que tenéis gran empeño en salir.
—Tanto, contestó Robledo rechinando los dientes de rabia, que darÃa cualquier cosa por romper esa puerta abominable.
—Eso es imposible, replicó la vieja, pero no es tampoco necesario. Venid, y si sois ágil y resuelto, dentro de cinco minutos estaréis en la calle.
El Secretario estuvo a punto de abrazar a la espantosa vieja, tal fue el júbilo que le ocasionó el anuncio.
—Vamos, dijo, al momento, sin pérdida de tiempo. Contad con la más brillante recompensa.