La hija del Adelantado
La hija del Adelantado La vieja se marchó con toda la presteza que permitían sus años, seguida de Robledo, a quien los minutos parecían siglos. Entró la criada al dormitorio de Agustina, tomó las sábanas de la cama y ató fuertemente unas a otras formando una especie de soga. Mientras ejecutaba aquella operación en que la ayudaba don Diego, explicó a este su proyecto. Había en el corral de la casa un amate, cuyas extendidas ramas caían sobre una pared que daba al campo, pues la casa estaba situada en un barrio de la ciudad. El Secretario podía subir al árbol y pasar a la pared, atar la punta de la soga improvisada a la rama misma del amate, y descendiendo por aquella, bajar hasta el suelo. Es verdad que al pie de la pared corría el Almolonga; pero su caudal era escaso, como sabía bien don Diego, y lo más a que se exponía era a tomar un baño que no subiría de las pantorrillas.