La hija del Adelantado
La hija del Adelantado No bien se habían retirado las dos jóvenes, un hombre que permaneciera oculto tras un árbol muy inmediato al sitio donde había tenido lugar la escena que acabamos de referir, salió y se dirigió lentamente hacia el Palacio. Era el anciano Pedro Rodríguez, aquel criado fiel del Adelantado, a quien dejamos en uno de nuestros anteriores capítulos, convaleciente de las graves heridas que recibió en el lance apurado en que le salvó la vida, exponiendo la suya ,el valiente y generoso Portocarrero. Rodríguez, casi enteramente restablecido ya, había salido aquella tarde a tomar el fresco en el parque del Palacio, y después de haber paseado largo rato, sintiéndose fatigado, se sentó junto al tronco de un árbol, y quedando poco a poco medio adormecido. Un ligero rumor que escuchó lo hizo despertar y habiendo fijado la atención, percibió claramente la voz de don Pedro de Portocarrero, que hablaba con doña Leonor. Rodríguez quiso retirarse; pero estaba tan cerca de las dos señoras y del caballero, que era imposible no lo viesen y considerando que su presencia desazonaría a la hija de su amo, resolvió no moverse del sitio en que se hallaba. Así pudo escuchar toda la conversación, y sorprendió involuntariamente el secreto del abatimiento que todos habían advertido en doña Leonor y del trastorno mental del desgraciado Portocarrero.