La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —¿A quién busco? a la señora de la casa. ¿Qué quiero? Desempeñar una comisión del Gobernador.
Al oÃr aquellas palabras, la vieja tembló de pies a cabeza y RodrÃguez, advirtiendo su turbación, le dijo:
—Tranquilizaos. Ni a vuestra ama, ni a vos se os seguirá perjuicio alguno de esta visita. Si me es preciso hacer uso de algunas de las cosas que me habéis referido, os juro que Agustina no sabrá cómo han llegado a mi conocimiento. Anunciad, pues, a esa señora que Pedro RodrÃguez, criado del Gobernador, necesita hablarle con urgencia. Dicho esto, empujó la puerta, que Margarita habÃa entreabierto, y entró en el zaguán. Un momento después, el anciano se hallaba en presencia de la viuda, quien lo recibió con afabilidad, sabiendo la confianza que de él hacÃa el Adelantado, no obstante su condición.
—Señora, dijo RodrÃguez, en un tono entre corto y severo, perdonad si vengo a molestaros con esta visita, a una hora tal vez inoportuna. Necesito con urgencia ciertos datos, que interesan en gran manera a personas a quienes amo y respeto, y vos sola podéis proporcionármelos.
Aquella introducción avivó la curiosidad de la viuda, excitada desde el momento en que se le anunció al criado del Gobernador. Conservando su aire afable y zalamero, contestó: