La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —El señor RodrÃguez es dueño de venir a mi casa a cualquiera hora, seguro de ser siempre tan bien recibido como él lo merece; y en cuanto a los datos de que me habla, debe decirme desde luego en que puedo complacerlo.
RodrÃguez inclinó la cabeza en señal de agradecimiento, y dijo:
—Antes de que os manifieste lo que vengo a pediros, permitidme os refiera una historia, que quizá podrá interesaros.
Una señora tan distinguida por su elevada estirpe como por las cualidades con que Dios quiso favorecerla, era amada con idolatrÃa por un caballero, de nobilÃsima alcurnia, y en quien las prendas personales aventajaban a lo ilustre del nacimiento.
Agustina arrugó el entrecejo al escuchar aquellas palabras, y redobló la atención con que escuchaba al criado del Gobernador. Este, sin parecer advertir el efecto que hacÃa en la viuda la narración que habÃa principiado, continuó de esta manera: