La hija del Adelantado
La hija del Adelantado En esa situación comprometida se hallaban las cosas el día 8 de setiembre, víspera de la elección, cuando don Francisco de la Cueva pasó al Palacio del Adelantado, habiéndolo llamado con urgencia su hermana doña Beatriz. Estaba esta señora retraída en un aposento completamente obscuro, llorando día y noche la pérdida de su marido, sin admitir consuelo. Cuando se presentó don Francisco, hizo encendiesen una lámpara, y suplicó a las señoras que la acompañaban que se retirasen, teniendo que hablar a su hermano de asuntos graves y reservados. Luego que estuvieron solos, doña Beatriz enjugó las lágrimas que inundaban sus mejillas y dijo a don Francisco, después de haberlo hecho se sentase junto a ella:
—Se me ha dicho, hermano mío, que reina grande inquietud en la ciudad, con ocasión del nombramiento del Gobernador, que debe practicar mañana el Ayuntamiento. Vos sabréis lo que hay en esto.
—Sí, Beatriz, contestó el Licenciado, las opiniones están un poco divididas; los fieles amigos de vuestro esposo desean que yo conserve el gobierno, en tanto que sus antiguos émulos, implacables aún después de la muerte del Adelantado, quisieran excluir a su familia de toda participación en el manejo de los negocios públicos.