La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —Más de lo que imagináis. ¿No me habéis dicho otra vez que el sacristán Reynosa, os debe grandes obligaciones
—Ciertamente, como que por mi influencia fue nombrado para el cargo, con el salario de sesenta pesos de oro de minas. ¿Y qué?
—Siendo asÃ, Reynosa, no podrá negaros el favor de permitirnos que visitemos esta noche las armas, dijo Ronquillo.
—Probablemente no, contestó Castellanos.
—Pues entonces, vamos allá, sin pérdida de tiempo, y luego sabréis todo mi plan.