La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —Entre los señores que podrÃan aspirar a vuestra mano, nadie más digno que el hermano polÃtico de vuestro padre. Emparentado con una de las más ilustres familias de Castilla, animoso en la guerra y sabio en el consejo, don Francisco de la Cueva está llamado a los más altos empleos en servicio del Rey. Desde luego, se le designa ya como la persona a quién el Adelantado mi señor encomendará el gobierno del reino, cuando se verifique la expedición proyectada. Don Francisco ha desempeñado ya estas funciones a satisfacción de todos.
—SÃ, dijo doña Leonor; en unión de otro caballero que tiene tantos derechos como él a esa distinción; de don Pedro de Portocarrero.
—Verdad es, contestó Melchora; pero ser cierto el rumor que hoy circula en Palacio, el señor de Portocarrero tiene que pasar ahora por una dura prueba, que acaso lo inhabilitará, humillando algún tanto su justa arrogancia.
El orgullo y el amor herido acabaron de traicionar el mal guardado secreto de la joven. Con la altivez de una reina, se levantó de su asiento y con voz balbuciente dijo:
—¿Humillar dices? ¿Y quién en este mundo es capaz de humillar a Portocarrero? ¿De qué rumor hablas?
—Señora, dijo con fingida indiferencia la camarera, es una cosa que no puede interesaros…