La hija del Adelantado
La hija del Adelantado
ON impaciente curiosidad aguardaba el desocupado vecindario la llegada del día señalado para que tuviese lugar la pública satisfacción que debía dar el Portocarrero al astuto y maligno Veedor Gonzalo Ronquillo. Ignorando el pueblo la resolución de don Pedro, creía que este apelaría al juicio de Dios conforme a las antiguas costumbres, y que un duelo a muerte, en que llevaría el Veedor la peor parte, vendría a poner en claro la inocencia del valeroso Capitán.
El 7 de Octubre desde muy temprano se agolpaba la multitud en la plaza, frente a las galerías de las Casas consistoriales, punto señalado para la ceremonia a fin de que la nobleza y el pueblo pudiesen presenciarla con entera comodidad.