El paraíso perdido

El paraíso perdido

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Es mérito de los románticos haber percibido la grandeza y la trascendencia del Satán miltónico y, a través de él, haber salvado el poema para la posteridad vivificándolo de nuevo. No sin una buena dosis de ironía, el Ángel Caído se convierte con ello en el verdadero Redentor de la obra. Para el Blake del Matrimonio del cielo y el infierno[14], sin embargo, el Caído no fue este Ángel, sino el Mesías, que «formó un cielo de lo que le hurtó al Abismo»[15]. Para Shelley, el Diablo miltónico supera con mucho a su Dios como ente moral[16]. Pero es Mary Shelley la que, trayendo ahora al ámbito puramente humano el drama entre el Creador y su Criatura, pone más claramente de manifiesto en su Frankenstein y a través del Engendro (figura mucho más satánica que adánica[17]) lo que Dios no puede responder a su hijo rebelde en el Paraíso perdido: «¡Maldición de Creador! ¿Por qué creaste un monstruo tan horrendo que incluso te apartaste de mí con repugnancia?»[18]. Porque así ve, al fin y al cabo, el Dios miltónico a su hijo Lucifer, como un monstruo de ingratitud y perfidia, digno sólo de burla y de tormento eternos.






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