El paraíso perdido
El paraíso perdido Por los Cielos y la Tierra, brillará mi gloria,
Mas Merced dominará primera y última».
Mientras Dios hablaba, un aroma de ambrosía colmaba
Todo el Cielo y entre los Espíritus Electos y benditos
Sensación de nuevo gozo, inefable, se expandía:
Sin parangón, el Unigénito de Dios se mostraba
El más glorioso, en quien su Padre todo fulguraba
Substancialmente manifiesto y en su rostro
La divina compasión visible aparecía,
Amor sin término y Gracia sin medida;
Expresando todo ello, así él al Padre dijo:
«Oh Padre, compasiva la palabra que culmina
Tu sentencia soberana: que el hombre halle gracia;
Por lo que los Cielos y la Tierra cantarán
Tus alabanzas, con sonido innumerable
De himnos y canciones santas, y tu Trono,
Así nimbado, reverberará de loa y bendiciones.
Pues ¿habrá el hombre de perderse finalmente,
Tu criatura bienamada, de tus hijos el más joven,
Deberá caer vencido por el fraude, aunque incitado