El paraíso perdido
El paraíso perdido Sus fuerzas desmayadas, aunque revocadas y cautivas
Del Pecado, expuestas a mayúsculos deseos;
Por mí aguantado, se erguirá de nuevo
En firme suelo contra su mortífero adversario,
Aguantado por mí, que sepa cuán frágil es
Su caída condición y a mí me deba
Su entera salvación, y a nadie sino a mí.
Algunos he escogido para Gracia peculiar,
Electos sobre el resto: tal mi voluntad.
El resto oirá mi voz, y a menudo aviso
De su estado pecador y de aplacar a tiempo
A la colérica Deidad, en tanto invita la brindada Gracia:
Pues yo despejaré sus sentidos penumbrosos
Cuanto baste, y mulliré los pétreos corazones
Por que oren, se arrepientan, obedezcan.
Que a la oración, repentimiento y obediencia,
Si ejercidos con propósito sincero,
El oído no tendré remiso, ni ojo ciego.
Y pondré en su interior por guía
Mi Árbitro Conciencia, que, si escuchan,
Luz tras luz bien empleada lograrán
Y, persistiendo hasta el fin, arribarán seguros.
Tal mi larga tolerancia y mi día de Gracia: