El paraíso perdido
El paraíso perdido Ni Patrón ni Intercesor aparecía,
Y mucho menos quien tomase sobre sí
La funesta proscripción y el pago del rescate.
E irredento ahora todo el ser humano
Se perdiera, condenado a muerte y al Infierno
Por un rígido decreto, si el Hijo de Dios,
En quien la plenitud habita del amor divino,
No hubiera reanudado su muy grata mediación.
«Padre, has hablado: Gracia tenga el hombre;
¿Y no hallará la Gracia medios cuando halla senda,
El más veloz de tus alados emisarios,
Al visitar tus criaturas; y a todas llega
De improviso, no implorada, no buscada?
Feliz el hombre, si le llega así: mas él su ayuda
Nunca buscará, si muerto en el pecado y ya perdido;
Expiación de sí o apto sacrificio,
Endeudado y roto, no podrá aportar:
Heme pues aquí, yo por él, mi vida por la suya
Ofrezco, caiga sobre mí tu cólera;
Por hombre cuéntame: por él saldré
De tu regazo y esta gloria a ti cercana
Libremente dejaré; por él al fin he de morir
Contento: que la Muerte vuelque en mí su rabia toda;