El paraíso perdido
El paraíso perdido Hecho carne cuando llegue el tiempo, de semilla virgen,
Milagroso nacimiento: sé, en vez de Adán,
Cabeza de los hombres, aunque vástago de Adán.
Y si en él perecen todos, en ti renacerán
Cual de raíz recién brotada,
Tantos cuantos deban: pues sin ti ninguno.
Por su crimen es culpable toda su progenie;
Asignándoles tu mérito, tendrá la absolución
Quien sus actos justos o injustos abandone,
Viva trasplantado en ti y de ti reciba
Vida nueva. El hombre así —y bien justo—
Por el hombre pagará, será juzgado, morirá
Y muriendo se alzará y alzándose levantará
A sus hermanos, rescatados con su propia vida.
El Amor Celeste así al Odio Infernal subyuga,
Dando a la Muerte, y muriendo para redimir,
Tan caramente redimir, lo que el odio infernal
Tan fácilmente destruyó, y destruye todavía
En quien pudiendo aceptar la gracia la rehúsa.
Y no por descender para asumir
Naturaleza humana se envilecerá la tuya.
Pues tú, aunque entronado en dicha excelsa
Igual a Dios, y teniendo por igual
Fruición Divina, todo lo dejaste por salvar
De pérdida completa a un mundo, y por mérito,