El paraíso perdido
El paraíso perdido Cuando Ángeles guerreros arrollabas, desbandados.
Vuelto ya de perseguirlos, tus Poderes[152] con aplauso fuerte
Sólo a ti ensalzaron, Hijo de la Fuerza de tu Padre,
Fiero ejecutor de la venganza contra sus rivales,
No en el hombre. A éste, caído por maldad de aquéllos,
Padre de Merced y Gracia, no lo condenaste
Con igual rigor, sino te inclinas más a la piedad:
Apenas tu Hijo Único y muy amado
Te sintió reacio a condenar al hombre, frágil,
Con igual rigor, sino inclinado más a la piedad[153],
A fin de aplacar tu ira y de zanjar la riña
De Merced y de Justicia que en tu rostro discernía,
Indiferente al Gozo en que moraba,
Tu segundo, se ofreció a morir en expiación
De la ofensa humana. ¡Oh amor inigualable!
¡Oh amor inconcebible salvo si es Divino!
¡Salve Hijo de Dios, Salvador del Hombre!
Será tu Nombre el tema fértil de mi Canto,
Siempre ya, y jamás tu loa olvidará mi arpa