El paraíso perdido
El paraíso perdido Ni del loor se apartará del Padre.
Así en el Cielo, por encima de la astral esfera,
Sus felices horas en delicias empleaban y en himnodias.
Mientras, por el firme globo opaco
Del redondo mundo este, cuyo círculo primero
Aísla los brillantes orbes inferiores
Del Caos y la irrupción de la Tiniebla antigua,
Satanás, tras descender, camina: globo parecía
Desde lejos, ahora un continente ilimitado:
Yermo, bravo y fosco, bajo el ceño de la Noche
Sin estrellas y amenaza permanente de tormentas
(Caos, que ruge alrededor) e inclemente cielo,
Salvo por el lado en que el muro del Empíreo,
Aunque muy distante, una tenue reflexión captura
De aire titilante, que no hiere tanto el fuerte oraje:
Por aquí marchó el Demonio, por los campos espaciosos.
Como buitre que, criado en el Imáus[154],
Cuya nívea cordillera al Tártaro errante encierra,
Despegando de región escasa en presa
Por cebarse de la carne de corderos o caloyos