El paraíso perdido
El paraíso perdido Se disuelve en tierra, vuela aquí y en vano,
Hasta la final disolución, divaga en este espacio,
No en la Luna próxima, como hay quien sueña[157]:
Esos campos argénteos probablemente los habitan
Santos transportados o Espíritus medios,
Entre el género humano y el angélico:
Aquí, de rara unión nacidos, fueron los Gigantes
Los primeros en llegar del mundo antiguo
Con sus muchas gestas vanas, aunque célebres entonces;
Arquitectos luego de Babel, en la planicie
De Sinar[158], y con vana traza aún erigirían
Babeles nuevas, si tuvieran medios.
Otros arribaron solos: el que, para ser tenido
Por un Dios, saltó contento al Etna en llamas,
Empédocles[159]; y quien ansiando disfrutar
El Elíseo de Platón saltó a la mar,
Cleombroto[160], y una larga lista más,
Embriones e idiotas, frailes y eremitas,
Blancos, negros, grises[161], con tramoya indescriptible.
Ahí los peregrinos vagan, que tanto erraron por hallar,
Muerto en Gólgota, quien vive en el Empíreo;