El paraíso perdido
El paraíso perdido Fue domado, confinada la infinita vastedad;
Habló de nuevo y la tiniebla huyó,
Brilló la Luz, surgió el orden del desorden:
Rápidos volaron los pesados elementos
Cada uno a su región, el aire, fuego, tierra, agua,
Y esta etérea quintaesencia de los Cielos
Ascendió, animada, en varias formas,
Que rodaban orbitales y estrellas se tornaron,
Incontables, como ves, y cual se mueven:
Cada una tiene su lugar prescrito, su trazado cada una;
Y el resto en círculo amuralla este universo.
Mira abajo el globo aquel que, de este lado,
Brilla con la luz refleja de esta fuente: ese sitio
Es la Tierra, la mansión del hombre; esa luz su día,
Pues sin ella, como al otro hemisferio,
La noche lo invadiría, si bien la Luna próxima
(Así se llama aquella hermosa estrella opuesta)
Trae ayuda a tiempo, y en su ciclo mensual,
Ya termine o se renueve en el cielo medio,
Con luz prestada desde aquí su faz triforme[174]
Llena y la vacía a fin de iluminar la Tierra
Y en su pálido dominio coartar la noche.