El paraíso perdido
El paraíso perdido No esas partes misteriosas se escondían por entonces,
No había vergüenza aún, culpable o deshonesta,
De las cosas naturales, ni honor inhonorable,
Hijo del pecado: cómo habéis turbado al hombre
Con alardes, sólo alardes, de pureza falsa
Extirpando de la vida humana vida más feliz,
La sencillez y la inocencia inmaculada.
Así pasaron, y desnudos, sin hurtarse al mirar
De Dios o Ángel, pues no albergaban mal.
Así pasaron, de la mano, la pareja más hermosa
Que el abrazo del amor jamás reunió:
Adán el hombre más gallardo de los hombres,
Hijos suyos; la más bella de las Hijas, Eva[194].
Bajo una sombra que allá en el verde
Suspiraba quedo, junto a fresca fuente
Se sentaron y, tras no mayor esfuerzo
De su dulce oficio jardinero que el que bastaba
Para hacer más grato el Céfiro y el gozo
Más gozoso, y la sed y el apetito saludables
Más amables, a cenar los frutos se aprestaron,
Frutos nectarinos, que las ramas complacientes
Les rendían, sin tener que levantarse
Del ribazo que afelpaban flores damasquinas:
La sabrosa pulpa masticaron y con la corteza,