El paraíso perdido
El paraíso perdido Mientras hubo sed, bebieron de las aguas rebosantes.
No faltó gentil discurso, ni sonrisas tiernas,
Ni caricias juveniles, como es propio
De pareja bella unida en vínculo nupcial,
Y a solas. Y alrededor jugando retozaba
Toda bestia terrenal, salvaje luego, de cualquier región
En páramo o foresta, bosque o cubil;
Travieso el león se encabritaba y en su zarpa
Acunaba al choto; tigres, osos, linces, pardos[195]
Trebejaban ante ellos; torpe el elefante,
Para darles alegría se afanaba todo él
Rizando la flexible trompa; cerca la serpiente artera,
Insinuante, con cordel gordiano entretejía
Su trenzada danza y ofrecía, de fatal astucia,
Inadvertida prueba; otros en la yerba
Se tendían y de pasto ahitos observaban sólo,
O rumiando se marchaban a acostarse; pues el Sol
Poniente con carrera prona ya avanzaba
Hacia Islas del Océano y, en la escala ascendente
De los cielos, astros ya surgían nocturnales.
Mas Satán mirando todavía, como antes,
Por fin triste el habla recobró: