El paraíso perdido
El paraíso perdido Cual tú misma multitudes, y te llamarán por ello
Madre de la raza humana”. ¿Qué podía hacer
Sino seguir ligera la invisible guía,
Hasta verte, bello —cierto— y alto,
Bajo un banano? Pero menos bello, te supuse,
Y menos tierno, menos amorosamente dócil,
Que aquella imagen de acuática tersura; me torné,
Me seguiste tú gritando fuerte: “Vuelve hermosa,
¿De quién huyes? De quien huyes, de ése eres,
Carne suya, hueso suyo; para darte el ser rendí,
De mi costado, próxima a mi corazón,
Vida substancial, por que estés a mi costado
Para siempre, mi solaz inseparable y caro;
Parte de mi alma, a ti te busco y te declaro
Mi mitad”. Así tu mano amable
Tomó la mía, yo cedí, y desde entonces veo
Cómo la belleza gana con viril prestancia
Y sabiduría, única hermosura verdadera».
Esto dijo nuestra madre colectiva y con mirada
Conyugal de amor irreprochable
Y mansa entrega, medio abrazose reclinándose
En nuestro padre, medio oculto su turgente pecho
Al tocar el de él desnudo, bajo el fluido oro