El paraíso perdido
El paraíso perdido Mientras en la extrema longitud, en donde el cielo
Con la tierra y el océano converge, el Sol occiduo
Lento descendía y con recto aspecto[196] nivelaba
Contra el Portal oriente de este Paraíso
Sus rayos vespertinos: era éste roca
De alabastro, apilada hasta las nubes,
Bien visible desde lejos, que subía sinuosa,
Accesible desde el suelo, a una entrada alta;
Era el resto risco áspero, más voladizo
Cuanto más arriba, imposible de escalar.
Entre los pilares pétreos Gabriel se hallaba,
Jefe de la Guardia Angélica, esperando el nochecer;
Allí alrededor heroicos juegos practicaba
La inerme juventud del Cielo, mas teniendo a mano
Celestiales armaduras, los escudos, yelmos, lanzas
Tachonadas de diamantes fúlgidos y de oro.
Allí Uriel acude, deslizándose por el crepúsculo
En un rayo de Sol, raudo cual fugaz estrella
Que la noche cruza del otoño, cuando ígneos vahos